Llorar beneficia el ánimo,
y en beneficio de mis lágimas inconclusas,
vierto en el Océano un ruego
que transmita a los hombres calma,
un sosiego tonificante
para que nadie se sienta agredido por nadie,
donde mis lágrimas reclusas
lleguen a todas las Cárceles y Misterios.
Salamanca, Plaza de Anaya, 2009